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Razones por las que procrastinar es horrible

Si algo tengo claro es que procrastinar no es buena cosa. Cada vez que lo hago, después me siento fatal, porque a consecuencia de ello luego se me hace muy difícil despegarme de esa sensación pegajosa de fiasco y decepción conmigo misma. Sí, procrastinar es un asco, y en este post voy a contarte las razones por las que procrastinar es horrible.

Pero, ¿qué es procrastinar?

De acuerdo con la RAE«procrastinar», es una voz creada en su origen a partir del adverbio «cras» que significa ‘mañana, el día siguiente’, del cual «procrastinar» toma su significado de ‘dejar para mañana, posponer, aplazar’.

Por tanto, procrastinar es la tendencia a demorar, retrasar o posponer algo. Y sí, es justo lo que estás pensando, a algunos se nos da de vicio. 

La clave de la procrastinación está en el reemplazo de una actividad que necesita de tu atención (por miedo o pereza a afrontarla) por otra que te resulta más placentera. El kit de la cuestión es que siempre la actividad escogida tiene menor relevancia, pero es muchísimo más agradable. Y ahí es donde estamos perdidos, porque de este modo se pospone lo importante y se privilegia otro asunto diferente.

Soy una postergadora nata

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Se me da de lujo postergar según qué cosas. Soy muy de dejar las tareas que me resultan más complicadas o incómodas para luego. Lo sé; un desastre. A veces es por pura pereza; otras es el miedo a fallar. De miedos ya te hablé en un post anterior: 

¿Tienes lo que hay que tener para enfrentarte a tus miedos?

Y me temo que es algo que nos sucede a muchos: el miedo a fracasar nos paraliza y nos hace posponer tareas importantes, para así evitar el posible fracaso posterior.

Creo que lo peor de la procrastinación es que siempre que dejo tareas pendientes, que para mí son importantes, después me siento peor que mal. Últimamente me sucede muchísimo más. De ello culpo al Covid-19, y a esta terrible situación generada por el maldito bicho y que no sé dónde nos puede llevar.

Quizás a ti también te sucede. 

Seguro que en más de una ocasión sientes esa necesidad de dejar de lado esas actividades difíciles, o incluso tediosas, que te toca acometer para ponerte a hacer cualquier otra cosa en su lugar.

Hoy día todo es rápido. Siempre con prisas

Y por eso queremos recompensas inmediatas, y lo cierto es que el hecho de no hacer justo ahora eso que queremos postergar no nos supone ninguna consecuencia negativa en este momento, aunque sepamos que sí la tendrá en el futuro.

O también a veces sucede que, en un alarde de autoconfianza, sobreestimamos el tiempo que nos queda para realizar la tarea en cuestión, o bien, subestimamos el tiempo que realmente vamos a necesitar para llevarla a cabo.

Y luego…

Luego al cabo del rato eres incapaz de despegarte de esa desagradable sensación mezcla de culpa, remordimiento y aire de derrota que implica procrastinar. Y entonces llega la ansiedad, porque esa postergación te ha llevado a entrar en un círculo vicioso de ansiedad y culpa que al final no hace sino generarte más ansiedad. Y la rueda ya no para. 

Al parecer las personas más perfeccionistas son las que mayor tendencia tienen a procrastinar, de manera que prefieren evitar hacer algo que sienten que pueden hacer de manera imperfecta, con la consecuencia de que al final ni siquiera lo intentan.

Y también están esas otras personas que, por miedo al propio éxito, interiorizan que triunfar les llevará a asumir más tareas y responsabilidades, motivo que les lleva a procrastinar.

Y ojo, porque el hecho de procrastinar, en su modo más elevado, puede terminar afectando a tu estado de ánimo y a tu autoestima. Aplazar con asiduidad tareas evitables tiene un coste elevado tanto a nivel físico como emocional, y además, implica una inevitable pérdida de productividad en tu día a día. 

YO PROCRASTINO, TÚ PROCRASTINAS… TODOS PROCRASTINAMOS

Es así; en líneas generales todos procrastinamos en algún momento. Y es normal. Pero es importante diferenciar aquellas personas que aplazan algo de forma puntual, de aquellas otras que hacen de la procrastinación un estilo de vida.

Un momento… STOP

A eso hay que ponerle freno.

George Akerlof, economista ganador del premio Nobel, escribió un ensayo sobre la dinámica de la procrastinación después de ser víctima de este hábito. 

Él llegó a la conclusión de que la procrastinación podía ser algo más que un mal hábito. Se trata, en realidad, de un impulso natural en los seres humanos que puede convertirse en una adicción. Y sí, procrastinar es un problema “moderno” que nos afecta cada día más.

Algunos estudios incluso sugieren que la tendencia a procrastinar está en nuestros genes.

Procrastinar ¿placer culpable? ¿cómo procrastinamos?

  • Sabes que tienes que realizar esa tarea pendiente que no deberías aplazar, y de pronto, te ves invadido por una vaga incomodidad que te genera malestar.
  • Entonces tu cerebro se pone en marcha y comienza a buscar alivio rápido empujándote a realizar otra tarea, que no es precisamente tu prioridad en ese instante, y que te resulta mucho más gratificante que aquella que acabas de postergar.
  • En ese momento tu cabeza registra esa actividad que dejas colgada como “penosa”, lo que te empuja a buscar distracciones o ciertas razones lógicas que justifiquen por qué has decidido aplazarla.
  • Y llegan las excusas reconfortantes, tipo “lo haré después”, “tenía que hacer esto otro”… y puede que también te hagas coleccionista de otras opciones como excusa para no decidirte por ninguna en concreto.
  • Y por fin, más tarde recordarás todo aquello que debiste hacer y no has hecho y te sentirás saturado por la culpa y el remordimiento. Y entonces, vuelta a empezar.

Es inevitable, ahí tienes el círculo vicioso mental.

Uff. Vaya tela.

Llegados a este punto, lo deseable sería poner coto a la procrastinación, porque de no hacerlo esta anegará otras partes importantes de tu vida. Procrastinar puede pasar de ser un mal hábito a una conducta negativa que te convierta en una persona insatisfecha con la vida. 

¿Cómo dejar de procrastinar?

La verdad es que no tengo la solución. Como escritora, me resulta muy sencillo procrastinar. Escribir novelas o cualquier tipo de texto largo es algo que nunca genera un beneficio inmediato, y el futuro de una obra terminada es casi siempre algo lejano. Así pues, es fácil y tentador caer en ello, y por eso he creado mis propios parches para minimizar los tiempos que dedico a procrastinar.

¿De qué manera?

Buscando una perspectiva más amplia que me permita ver las tareas “no esenciales” con la lente de una imagen más grande, mientras a la vez desmenuzo aquellas actividades que no puedo postergar hasta volverlas más fáciles y sencillas de ejecutar. 

Por supuesto, también ayuda intentar realizar las tareas más complejas o menos motivadoras en aquellas horas en que tus niveles de energía y atención están más repletos. Aunque, claro, esto no siempre es posible (o más bien casi nunca es posible).

Te pongo un ejemplo claro. A la hora de enfrentarme a la escritura del borrador de una novela sé que muchas veces procrastino porque al inicio de la sesión de escritura no tengo claro qué es lo que quiero hacer. Soy escritora de brújula, y planifico mucho mis novelas antes de comenzar a escribir, pero así y todo, en ocasiones me bloqueo y… procrastino.

Nos ponemos en situación

Voy a escribir un capítulo y resulta que el esfuerzo de pensar cómo empezar, cómo seguir o cómo terminar se convierte en algo estresante y complejo que mi coco prefiere evitar a toda costa.

En mi mente atormentada y algo desquiciada la idea de no lograr terminar ese capítulo de forma aceptable (impecable) me genera una falta de confianza extrema que me lleva convencerme de que no seré capaz de hacerlo, y al final, lo pospongo. Ya te lo dije al principio, procrastinar es horrible

Pues bien, creo que la solución está en plantear objetivos realistas y asumibles, y también en proponerse asumir unos horarios fijos y tareas pequeñas que no supongan una carga enorme. 

Cuando escribo novelas, más de una vez me he sentido paralizada por el famoso bloqueo del escritor. Los borradores de mis novelas El cielo bajo tus pies Donde los ángeles lloran, estuvieron paralizados durante meses, porque no era capaz de escribir nada, y todos los días y por los motivos explicados, cada vez que intentaba volver a ellos hacía aparición la maldita procrastinación.

Ahora, cuando eso sucede, intento superarlo imponiéndome, en la medida de lo posible, unos horarios fijos que me ayuden a crear rutina, y unas tareas que no sean muy pesadas. Y, muy importante:

Pienso en pequeño.

Quizás no me siento capaz de escribir un capítulo entero en un día, pero sí puedo asumir la tarea de acometer una escena. Ni siquiera así tengo éxito siempre, y la procrastinación todavía me vence algunos días, pero creo que he mejorado en ello. Y por encima de todo:

… Me concedo el derecho a fallar

Igual esa escena no sale como a mí me gustaría; no importa. Y además, me ocurre casi siempre. Seguro que puedo (y debo) arreglarlo después. Ya habrá tiempo de reescribir, o incluso de tirarla a la papelera si al final resulta que no tiene arreglo. La cuestión es que solo por el hecho de escribirla ya me habré enfrentado a la terrible procrastinación.

Para un escritor la procrastinación se cura escribiendo. No hay más secreto que ese. Nunca lo dudes: los primeros minutos de cualquier tarea son los más duros y difíciles, pero *si logras arrancar y mantenerte ahí, habrás conseguido vencer la procrastinación.

Bien, estas son mis razones por las que procrastinar es horrible. Con esfuerzo y disciplina podemos vencerla.

Y tú, ¿procrastinas a menudo?

*Aplíquese a toda actividad que tengas la tentación de posponer.

Imagen de Portada de Martine Auvray en Pixabay; Imagen 2 de Anemone123 en Pixabay; Imagen 3 de Joseph Redfield Nino en Pixabay Imagen 3 de Free-Photos en Pixabay 

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