palabras que desaparecen

Por qué desaparecen las palabras

Las palabras vienen y van. Unas nacen y otras mueren, como la vida misma. Pero, dime, ¿te has preguntado alguna vez por qué desaparecen las palabras?

Está claro, la lengua es un organismo vivo en constante mutación, y por eso cada cierto tiempo surgen palabras que incorporar al diccionario en cada una de sus nuevas ediciones.

Así, palabras como selfi, viral, meme o escrache ya han sido incluidas en las últimas ediciones del diccionario de la RAE. Y me parece fenomenal, me gusta que surjan palabras nuevas, porque eso demuestra que las lenguas siguen vivas.

Mujer saltando feliz
¡Bienvenidas, palabras nuevas!

Lo malo es que con cada una de esas nuevas ediciones, otros muchos vocablos son enviados directamente al cementerio de las palabras olvidadas. Y qué quieres que te diga, a mí me da pena.

Las palabras volatilizadas

Es un hecho: las palabras desaparecen, y al final, mueren.

Y la mayor parte de las veces lo hacen en silencio, sin nadie que manifieste (al menos en público) la pena por su marcha. Y no sé a ti, pero a mí me parece injusto.

Aunque no estoy sola. Porque hay personas e instituciones que están luchando para que estas palabras desterradas del diccionario no caigan en el olvido.

Ya ves, somos muchos los que no queremos que desaparezcan las palabras.

«Hay muchos intentos de mantener la riqueza del vocabulario y de concienciar a los hablantes de la responsabilidad que tenemos como usuarios de la lengua. Pero por muchos libros que se publiquen, solo la conciencia lingüística de las personas puede salvar a las palabras, está pues, a nuestro alcance».

Mercê Lorente

Y quizás por eso, desde el pasado 4 de junio hasta ayer, la antigua cámara acorazada de la Caja de las Letras del Instituto Cervantes de Madrid ha acogido la exposición 1914-2014.MartaPCampos. Se trata de un proyecto muy interesante en el que se han recopilado 2793 palabras desaparecidas del diccionario de la RAE.

En concreto, en la muestra se recogían palabras que en 1914, y de eso no hace tanto, tenían un lugar en el diccionario. Y resulta que ahora, al cabo de cien años, por diferentes causas, esas palabras han desaparecido.

2793 palabras desaparecidas... ¡es un drama!

«Carmen, no te pases. No es para tanto», puedes estar pensando. Pues déjame decirte que creo que no exagero, para nada. Lo digo en serio.

Me parece terrorífico, y me preocupa, esa posibilidad de llegar a perder la forma de nombrar las cosas porque las palabras que lo hacían han dejado de existir. ¿Y eres consciente de que lo que no se nombra no existe? Si hasta podría ser el argumento de una novela de terror…

Palabras como ‘churruscarse’ (que uso), ‘escritorzuelo’ (también la utilizo a veces, confieso), ‘cuñadez’ (¿de verdad? pero si ahora todo el mundo habla de cuñados y cuñadismos… Venga, va, recuperémosla ya) o ‘titilante’ ya han sido dadas por perdidas. ¿Es un drama o no?

Desaparecen las palabras, pero ¿por qué las palabras se pierden?

Los motivos por los que desaparecen las palabras son múltiples y variados, aunque los estudiosos parecen coincidir en que el principal es la falta de uso. Echemos un vistazo a esos motivos:

Falta de uso

Es el uso el que determina si una palabra es común o rara, o si está de moda, o por el contrario, tiene los días contados.

Opinan los expertos en lingüística que las palabras desaparecen porque antes lo hacen las cosas que representan. Piensa en oficios y tradiciones que hoy día ya no existen, y te darás cuenta de que con ellos también se están yendo las palabras que los designaban.

Nuevas palabras

Es así: aparecen palabras nuevas que se llevan por delante a las existentes. Un ejemplo: antes se decía ‘estilo informal’, ahora lo sustituimos por ‘casual’, que queda más cool y mucho más inglés, donde vamos a parar.

Economía del lenguaje

Según la RAE los españoles solo utilizamos entre 500 y 1000 palabras del diccionario en nuestro día a día para comunicarnos. Hay cerca de 100.000, así que echa cuentas.

Somos vagos, y nuestro cerebro prioriza aquellas palabras más cotidianas que nos salen de forma natural, justo esas que más usamos y que forman parte de nuestro lenguaje más básico.

Tendemos a lo facilón, al uso de comodines rutinarios, y ahí nos quedamos, mientras nuestro pobre léxico se empequeñece más y más.

No se lee suficiente

Y qué rabia me da. A mí me encantaría que se leyera muchísimo más. Es incontestable: leer aporta muchos beneficios, y entre ellos, es un hecho que la lectura mejora las habilidades de expresión, lectura y lenguaje. Así que si tú eres de los que tampoco desean que las palabras desaparezcan,

lee más, por favor.

Y aprovecho la ocasión: si lo tuyo es la ficción realista y estás buscando cual será tu próxima lectura, te invito a leer cualquiera de mis novelas, pero a propósito de este post, te recomiendo especialmente «El cielo bajo tus pies», y te prometo que no te arrepentirás.

Verás, en «El cielo bajo tus pies», uno de mis personajes más queridos, Pascuala, usa el lenguaje propio del habla popular. En esta novela aparecen muchas de esas palabras que corren el peligro de ser pronto olvidadas. A ellas, les rindo mi homenaje y les presento mis respetos. Ojalá esas palabras no desaparezcan jamás.

Anciana de aspecto agradable
«Alexandra podía llegar a ser mastuerza, sansirolé y fulera, pero yo la quería igual». Pascuala, personaje de El cielo bajo tus pies, genio y figura.

Redes sociales y medios de comunicación

Vivimos en una cultura visual. Y las redes sociales han hecho proliferar nuevas formas de usar una lengua que está en constante transformación. De alguna manera, las redes y los medios de comunicación han forzado al lenguaje a actualizarse. Eso no es malo.

Está claro, hay que adaptarse.

Los cambios son inevitables y también la prueba irrefutable de que la lengua sigue viva, y eso es una buena noticia. Pero sería una pena que el uso de un lenguaje demasiado coloquial termine empobreciendo nuestro vocabulario. Nuestra lengua es muy rica, intentemos remediarlo.

“El único consejo que puedo dar para escribir bien en internet es saber escribir”.

Gabriel García Márquez

¡Espera un momento! No te vayas todavía porque…

Hay esperanza para las palabras desaparecidas

Existen muchos libros publicados que intentan concienciar sobre la responsabilidad que, como hablantes, tenemos en la tarea de evitar que desaparezcan las palabras.

Pero también existen iniciativas divertidas para salvar las palabras, y entre ellas destacaría esta de Proximity, una agencia de publicidad que ha creado La tienda de #palabrasolvidadas, y que ofrece la posibilidad de «comprar» en su web por el precio de «compartir» palabras que están en desuso.

Te invito a visitarla y a participar. Es muy fácil: basta con que compartas la palabra o palabras que elijas allí en tus redes sociales (Facebook, Twitter y Pinterest).

Desde La tienda de #palabrasolvidadas puedes adquirir palabras bonitas, burlonas, catastrofistas, pícaras, positivas, familiares, divertidas…

Y déjame decirte que han hecho un trabajo precioso (¿Todavía no has entrado? ¿A qué esperas?) porque cada una de las palabras lleva asociado su significado y un gran trabajo artístico en cuanto a ilustración por parte de los diseñadores de la propia agencia. Además, el apartado de «Cuidados» me ha robado el corazón.

Por supuesto, ya he elegido mis tres palabras que salvar y compartir: #zascandil, #jarana y #adamar.

Palabras olvidadas Zascandil de @brunospagnuolo
Autor: @brunospagnuolo
Palabras olvidadas: jarana de @SoniaF
Autora: @SoniaF
Palabras olvidadas: adamar de @MaguiSiffredi
Autora: @MaguiSiffredi

¿No son fabulosas?

Como hacemos con tantas otras cosas, tendemos a arrinconar lo viejo. Así que yo te propongo algo: rebélate, y dale valor a las palabras que hoy consideramos antiguas.

Esas palabras olvidadas son parte de nuestro patrimonio. Las hemos heredado de las generaciones que nos precedieron. Debemos respetarlas. Preservarlas. Y amarlas.

¿Cómo?

Insistamos en usarlas, vamos a darles voz. Compártelas, difúndelas, grítalas…

Tarambana, iracundo, rimbombante, batiburrillo, entelequia, alboroto, carajo, mastuerzo, correveidile, fantoche, mamotreto, guirigay, pantomima, zoquete…

Vale, igual te miran raro, pero qué más da. Es su problema. Tú a lo tuyo, a lo nuestro… porque de esta manera, nunca desaparecerán, alguien las estará recordando, y las nombrará, o quizás decida utilizarlas en una novela, o hacer un post, que ya se sabe que hay gente para todo.

No las olvides.

¿Te animas a salvar palabras desaparecidas o que están a punto de hacerlo? ¿Qué opinas? Si te interesa, comenta y hablamos.

Imagenes: 1 de Gerd Altmann from Pixabay; 2 de silviarita en Pixabay; 3 de  Free-Photos en Pixabay 

2 Comments

  1. Piluka
    2 octubre, 2019

    Cuanta tristeza me produce saber que las palabras menos usadas se eliminan del diccionario. Es algo que desconocía, esque no hay espacio en la Wikipedia?.
    La iniciativa de comprar palabras me parece una idea muy bonita y llevas razón hay que leer mucho para que nuestro vocabulario sea rico. Muchas gravias por este post, me ha parecido muy interesante

    Responder
    1. Carmen
      2 octubre, 2019

      Hola, Piluka, en nuestras manos está permitir que las palabras desaparezcan o no. ¿Has encontrado ya alguna palabra digna de ser «comprada»?. Ya me contarás tus elegidas, seguro que hay más de una que llama tu atención. Gracias a ti, por pasarte por el blog. Saludos!

      Responder

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