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Mujeres que escribieron con seudónimo

Es un hecho constatado que a lo largo de la historia han sido muchas las mujeres que escribieron con seudónimo para poder existir (literariamente) y publicar sus obras. Ese era el precio a pagar si querían ser leídas.

Ay, y es que en el asunto de escribir tampoco nos lo han puesto fácil a las mujeres. Para situarnos, aquí tienes unas notas previas:

La primera gran novela de la historia de la literatura fue una obra maestra titulada La novela de Genji, escrita por una mujer adelantada a su época, la japonesa Murasaki Shikibu, allá por el siglo IX. Otro apunte: la primera autora conocida de la historia fue una mujer: Enheduanna, una sacerdotisa acadia e hija del Rey Sargón I, que vivió en torno al siglo III a. C. 

¿Lo sabías?

Es posible que no; yo misma acabo de conocer estos datos mientras cotejaba información para redactar este post. Sin duda, estos dos casos serían suficientes para otorgar la importancia que merecen a las mujeres dentro del mundo literario, y sin embargo, cabría preguntarse, ¿por qué no tienen la relevancia que debieran?

Por poner un ejemplo, todo el mundo sabe que El Quijote de Cervantes es considerada la primera novela moderna de la historia de la literatura; sin embargo, no es de general conocimiento la existencia de estas mujeres cuyas obras fueron hitos.

La respuesta parece clara, y es que, como en tantos otros ámbitos, la literatura ha sido cosa de hombres, quedando relegada la mujer a un segundo plano. Y es que, y no hace tanto, solo se tenían en cuenta las historias escritas bajo el prisma de la mirada masculina.

Sí, así era.

«La historia occidental es principalmente de autoridad masculina, por lo que las mujeres empezaron a usar nombres ambiguos o directamente masculinos».

Sue Lanser, profesora de Inglés, Literatura Comparada y Estudios sobre Mujeres, Género y Sexualidad de la Universidad Brandeis, EE.UU.

Porque mujeres escritoras ha habido desde siempre, y así lo atestiguan los dos casos anteriores, pero a lo largo de la historia, el patriarcado imperante se las ha apañado para ocultar y/o menoscabar su mera existencia

Y pese a todo, ellas nunca dejaron de crear.

Es conocida la respuesta que Charlotte Brontë recibió tras enviar una selección de poemas a Robert Southey, poeta inglés, cuando apenas contaba veinte años: “La literatura no puede ser asunto de una mujer”.

Él se quedaría tan ancho; aunque es obvio que patinó, y mucho. Por suerte, ella le ignoró. Y también, frente a los prejuicios sexistas, otras muchas escritoras continuaron creando, aunque tuvieran que hacerlo pertrechadas bajo un seudónimo masculino.

Conocidos autores como George Elliot Isak Dinesen eran en realidad mujeres.

Anónimo = Nombre de mujer

“Me atrevo a adivinar que ‘Anónimo’, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer”.

Virginia Woolf

Virginia Woolf, en su imperdible ensayo, Una habitación propia, afirmó esto sobre el rol de las mujeres en la literatura. Y a tenor de los hechos, no parece una teoría descabellada. Quizás fuera este uno de los motivos que llevaron a muchas mujeres a adoptar seudónimos masculinos para lograr visibilidad y cierta libertad de expresión para desarrollar su creatividad; la lista no es corta, así que veamos, por ahora, solo algunas de ellas:

Amantine Aurore Dupin (George Sand)

George Sand

Bajo el seudónimo de George Sand habitaba una mujer de fuerte carácter, que incluso en un tiempo marcado por férreas convenciones sociales se atrevió a romper moldes vistiendo ropa de hombre en el París de la época.

Escritora prolífica, periodista y revolucionaria de su tiempo, escribió su primera novela junto a Jules Sandeau. Entre sus obras destacadas: Indiana (1832), LéliaEl compañero de FranciaConsuelo o Los maestros soñadores.

En sus temas, Amantine trató historias de amor y de diferencias de clase, criticando las normas sociales. También textos políticos, y piezas que escenificaba en un teatro privado.

George Sand fue mencionado por Dostoiévski como ocupante del «primer lugar en las filas de los escritores nuevos».

Mary Ann Evans (George Eliot)

Middlemarch, publicada en 1874 y escrita tras el seudónimo de George Eliot, es considerada como una de las mejores obras de la literatura inglesa.

Mary Ann Evans, la mujer tras Eliot, firmó artículos periodísticos con su propio nombre, pero para adentrarse en el mundo de la ficción adoptó una identidad masculina. Incluso, bajo seudónimo llegó a escribir un ensayo titulado Las novelas tontas de ciertas damas novelistas (Silly Novels by Lady Novelists), en el que criticaba las novelas escritas por mujeres, con el fin de distanciarse de las autoras de su época y para que su trabajo fuera tomado en serio.

George Eliot%2C por François D%27Albert Durade

Karen Blixen (Isak Dinensen)

Karen Blixen, autora danesa reconocida mundialmente por su segundo libro, Memorias de África, publicado en 1937, publicó la mayoría de sus textos bajo el seudónimo de Isak Dinensen.

Elegante y prolífica en su pluma, de Blixen afirmó Hemingway que se hubiera sentido muy feliz si el Nobel de Literatura se lo hubiesen dado a ella. Sin duda, con su arte narrativo nacido del placer mismo de narrar, logró poner en pie historias inolvidables y capaces de procurarnos altas cotas de emoción.

Matilde Cherner (Rafael Luna)

Matilde Cherner fue una escritora y periodista descrita como una mujer «de ideas progresistas y de claras y marcadas convicciones políticas», o «republicana federal convencida», y que trató en sus escritos temas polémicos para su época como la educación de la mujer, su acceso a la universidad, la prostitución o la monarquía. Cherner se atrevió con todos los géneros literarios.

Esta intelectual nacida en Salamanca, incursionó en la literatura bajo el seudónimo de Rafael Luna. Su obra más conocida fue Ocaso y aurora, publicada en 1878, reveladora de la clara vocación ideológica que impregnaría toda su obra.

Destaco su obra, María Magdalena, en la que la autora se atrevió a mostrar su lado más revolucionario al convertir a una prostituta en protagonista de una novela para reivindicar la hipocresía tras la prostitución legalizada.

Sin duda, Matilde Cherner fue una escritora que merece ser reconocida.

Casi termino…

Como te comentaba, en este post solo aparecen unas pocas mujeres que escribieron bajo seudónimo para poder existir (literariamente), pero la lista es larga. Hoy día, las mujeres escritoras no necesitamos escudarnos bajo seudónimos masculinos para publicar nuestras obras, aunque todavía queda mucho camino por hacer.

En el mundo literario aún subsisten ciertos prejuicios sexistas, hasta el punto de que algunos estudios realizados evidencian que algunos sectores de la crítica literaria no otorgan el mismo trato a los escritores que a las escritoras, o que las mujeres tienen menos posibilidades de ganar premios literarios. Y también sus ensayos son menos publicados en las revistas especializadas. Como ves, el literario no es un mundo sencillo para las mujeres que escriben.

Respecto a algunas de estas escritoras cuyas verdaderas identidades se vieron silenciadasSeix Barral publicó una colección en la que recuperaron a algunas de estas autoras. En la cubierta de sus respectivas obras, a modo de declaración de intenciones, aparecen los nombres reales de las autoras, y también el seudónimo masculino, que las llevó a la fama, tachado.

Ellas, y muchas más, lo merecen.

Imagen Destacada 1: Image by press 👍 and ⭐ from Pixabay; Retrato de George Sand (dominio público); George Eliot, por François D’Albert Durade (dominio público); Karen Blixen Foto: Sophus Juncker-Jensen 1859-1940 – Det Kongelige Bibliotek (dominio público).

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