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Manías y rarezas de los escritores

Las manías y rarezas de los escritores a lo largo de la historia dan para escribir varios libros. De hecho, ya se han escrito algunos de ellos, y muy buenos. Ahí tenemos Cuando llegan las musas de Raúl Cremades y Ángel Esteban, en la que nos desvelan de manera muy interesante cómo trabajan los grandes maestros de la literatura, o Rituales cotidianos de Mason Currey, que recopilaba las rarezas y manías de más de 160 artistas.

Y es que no me cabe la menor duda de que escribir supone, en el día a día, asumir determinadas costumbres, manías y rarezas que en ocasiones se transforman en verdaderos rituales que, al final, se vuelven imprescindibles para el desarrollo de las tareas propias de la creación.

Es posible que muchas de estas manías surjan de esos miedos que todos llevamos metidos muy dentro (de algunos de esos miedos hablé en este post). Pero luego, además, los escritores tenemos nuestros propios miedos. Porque, no lo dudes, mientras escribimos todos nosotros estamos sometidos a infinidad de miedos. Y algunos de ellos son muy paralizantes.

¿Por qué manías y rarezas de escritores?

Porque los escritores somos miedosos e inseguros. Es así. Son muchas las cosas que tememos. Miedo al bloqueo mental, miedo al abismo del papel en blanco, miedo a defraudar, miedo a fracasar, miedo a las expectativas que se frustran…

Tengo miedo. Del post "Manías y rarezas de los escritores"
¿Miedo? ¿Tengo pinta yo de tener miedo?

Quizás porque lo cuestionamos casi todo, la mayoría de los escritores tendemos a ser inseguros por naturaleza, y de ahí, nuestros miedos. Y luego, además, añade a todo esto la soledad que supone escribir. No es ningún secreto que el oficio de escribir exige pasar muchos ratos en completa soledad. 

Conozco a mucha gente que no es capaz de pasar un solo rato sola. Para ellos pasar unas horas solos es un problema. Por suerte, a los escritores eso no nos ocurre, y nos encontramos bastante cómodos dentro de esa parcela de aislamiento tan necesario para escribir.

Así y todo, no es de extrañar que la mezcla de esos ingredientes (inseguridad, miedos varios y soledad) nos lleve a desarrollar ciertas manías y rarezas varias con las que invocar el estímulo de esa creatividad que en ocasiones nos resulta tan esquiva. 

Seguro que mis manías y rarezas carecen de interés, son muy del montón y mucho más prosaicas; pero a ti, como amante de la lectura, imagino que te causarán curiosidad las manías y rarezas de algunos de los escritores más conocidos que nos ha regalado la literatura universal, así que, vamos a ello.

¿Cómo se inspiran?

¿Dónde escriben?

¿Cómo escriben?

Algunas manías y rarezas de grandes escritores

Gabriel García Márquez

Se dice de este gran escritor, y autor de una de las grandes novelas contemporáneas de nuestro tiempo, Cien años de soledad, que para escribir requería una determinada temperatura en la habitación en que se dedicaba para ello.

Gabriel García Márquez

Además, Gabo, solo se sentaba a escribir cuando la idea de la novela que quería hacer estaba bien atada en su cabeza, hasta el punto de que otra de sus célebres obras, Crónica de una muerte anunciada, estuvo 30 años rondando en su mente hasta que fue definitivamente escrita. El escritor colombiano, escribía descalzo, y en su escritorio siempre tenía que haber una flor amarilla, si no, no escribía ni una palabra. 

Haruki Murakami

El célebre autor de novelas y relatos, y eterno aspirante al Nobel de Literatura, también tiene sus rarezas, convertidas ya en costumbre, y en definitiva, en un ejemplo de disciplina, cuestión que, sin duda, tiene mucho que ver en su éxito como escritor.

Este escritor japonés es muy madrugador. Se despierta cada día a las cuatro de la mañana para trabajar cinco o seis horas seguidas en la escritura de sus obras. Ya por las tardes se relaja, y menos mal, porque estará muerto de sueño, y lee, corre, nada o escucha música. No está nada mal.

Philip Roth

Otro eterno candidato al Nobel de Literatura. Este escritor estadounidense de novela, cuento y ensayo dijo una vez, con rotundidad, que “escribir no es un trabajo duro, es una pesadilla”. Y diría que sí, que tenía razón, porque muchas veces es así, cuando te fallan las ganas, la inspiración o simplemente tienes un mal día.

“Escribir no es un trabajo duro, es una pesadilla”

Philip Roth

Por lo visto, al menos en alguna época de su vida, Philip Roth, víctima del insomnio y fanático del desorden y la anarquía, era de esos que preferían no escribir en el lugar donde viven. Supongo que también podía permitírselo, claro.

Fiodor Dostoievsky

Déjame contarte una anécdota: una vez alguien me comentó que el inicio de mi primera novela La guarida de Sísifo, imagino que por la carga psicológica del texto, le recordaba mucho a la obra Memorias del subsuelo, de este genio ruso de la literatura. Me quedé muerta, por supuesto.

Supongo que el comentario venía a insinuar que yo me había inspirado en el estilo de Dostoievsky. Lo gracioso es que, confieso, en aquel tiempo yo no había leído todavía nada de este imponente escritor (imperdonable, lo sé. Ya he rectificado), así que difícilmente podía tratar de imitarlo, por lo que aquella comparación, lejos de incomodarme, me resultó halagadora y de lo más gratificante.

Dicen que el pobre Dovtoievsky sufría de manía persecutoria y además tenía miedo a la oscuridad. Un cuadro, vaya. Por todo ello, el escritor solía dormir durante el día, mientras dedicaba las noches a escribir y a pasear de un lado a otro da la habitación de manera compulsiva. Está claro que sus miedos jugaron a su favor.

Isabel Allende

La considerada hasta el momento escritora viva más leída del mundo de la lengua española, pese a las implacables críticas, y autora de éxitos tan arrolladores como La casa de los espíritus, no se salva tampoco de múltiples manías o del uso de rituales a la hora de someterse al proceso de escribir.

Isabel Allende, tiene por norma comenzar a escribir sus novelas siempre un 8 de enero. Además, realiza conjuros antes de iniciar sus sesiones de escritura, y dicen que siempre, siempre, siempre, al principio enciende una vela que es la que marca la duración de su sesión. Cuando la vela se apaga, ella deja de escribir. Es curioso.

¿QUIERES SABER MÁS?

Nuestros autores más clásicos no iban a ser menos, y tampoco se libraban de sus manías y rarezas. Ahí tenemos a Víctor Hugo, poeta, dramaturgo y novelista romántico francés por excelencia. De él se cuenta que cuando le faltaba la inspiración, acostumbraba a escribir desnudo, para evitar así posibles distracciones. 

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Sí, los escritores clásicos también eran raritos, a su manera.

Aunque no fue el único que utilizó la desnudez en la búsqueda de la creatividad, y también lo hicieron otros reconocidos autores como Agatha ChristieErnest Hemingway, J. D. Salinger o D. H. Lawrence. Atención, escritores: parece que el método funciona.

El escritor y periodista Truman Capote, autor de las célebres A sangre fría o Desayuno con diamantes, se definía a sí mismo como “un autor completamente horizontal”, porque le gustaba escribir tumbado en la cama o en el sofá.

Pero mucho antes de eso, allá por el siglo XIX, a Henry Beyle, escritor del realismo francés y más conocido por su sinónimo, Stendhal, encontraba la calma y la serenidad para escribir leyendo el Código penal napoleónico.

Está claro, los caminos de la inspiración están en cualquier parte… Igual cuando acabe con este post me pongo con la Ley de Contratos de las Administraciones Públicas a ver si me inspiro igual de bien. Nunca se sabe.

Ahora en serio.

Ya ves, son muchas las rarezas y manías de los escritores. Quizás en el fondo todo esto va de disciplina y tesón, porque la inspiración nace del trabajo duro, y cada escritor busca, a su manera, la mejor forma de hallarla.

¿Qué te ha parecido? ¿Te ha sorprendido alguna de estas manías y rarezas de nuestros grandes de la literatura?

Imagen Portada de Jonny Lindner en Pixabay; Imagen 2 de ambermb en Pixabay;

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