Miedo al miedo

¿Tienes lo que hay que tener para enfrentarte a tus miedos?

Hagamos una apuesta. ¿Crees que tienes lo que hay que tener para enfrentarte a tus miedos? Piénsalo unos segundos, yo misma cargo con una gran mochila de miedos a mis espaldas, y créeme, no resulta nada fácil aligerar esa carga.

Y es que, para qué negarlo, toda nuestra vida está condicionada por nuestros miedos, porque el miedo es una emoción natural e inherente a nuestra condición humana.

Es un hecho, nos pasamos la vida teniendo miedo

Si algo tienen en común los personajes protagonistas de mis dos primeras novelas es que ambos tienen miedo.

Pau Cambra, el protagonista de La guarida de Sísifo, es un hombre quebrado y cargado de miedos, aunque destacaría que, de entre todos ellos, se halla dominado por el miedo a la soledad, pese a que sea algo de lo que ni siquiera él es consciente cuando inicia su particular odisea.

Alexandra Nelli, protagonista de mi segunda novela, El cielo bajo tus pies, tiene miedo a un pasado que todavía está muy presente en su vida, y que a su pesar, condiciona su existencia.

Diversos estudios muestran que existen unas bases fisiológicas y psicológicas que sustentan nuestros miedos, pero entonces:

¿A qué tenemos miedo?

dedo pulgar apuntando hacia abajo. Enfrentarte al miedo cura las frustraciones.
Qué miedo nos da fracasar

A defraudar las expectativas propias o las de aquellos que nos rodean. Es tan grande nuestro miedo a fracasar que en muchas ocasiones somos nosotros mismos los que nos anticipamos creando la trampa mental que finalmente limita nuestra libertad.

«El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso».

EDUARDO GALEANO

A pensar de más, a profundizar, a replantearse la vida, por si acaso esa reflexión nos obliga a virar el rumbo de nuestros destinos.

Al cambio, a todo aquello que nos resulta desconocido o incierto. Y por eso no cambiamos lo que nos disgusta, soportamos trabajos penosos, o nos rodeamos de personas que quizás nos tratan como pañuelos de usar y tirar. Pero aguantamos, a pesar de todo, y acabamos creyendo que esa penosa zona de confort que hemos creado es lo mejor a lo que podemos aspirar.

A la insatisfacción y al vacío. Ese terrible pavor a asumir que todo puede haber sido un gran y estúpido error. El miedo a tener que admitir que quizás te has pasado la vida tomando decisiones incorrectas, y que ni siquiera haces nada por evitarlo.

A la soledad, que puede llevarnos a estancarnos en relaciones muertas o ruinosas y cuya suma de soledades son más hondas y más pesadas que la soledad del uno.

«La soledad del hombre no es más que su miedo a la vida».

EUGENE O’ NEILL

Al dolor, tanto al dolor físico como el emocional. El miedo a la enfermedad como una carga que nos persigue durante toda la vida haciéndonos partícipes de la certeza de nuestra propia finitud.

A la propia realización personal, lo que se conoce como Complejo de Jonás. No deja de ser curioso que incluso la posibilidad de llegar a alcanzar el éxito en cualquier área sea algo que nos asuste. Y sucede, vaya que sí.

Al compromiso, porque no soportamos pensar en las renuncias que nos puedan sobrevenir después, y porque al final de todo siempre tememos perder.

«En realidad mi problema era el miedo. Nunca le hablé del miedo que tenía a comprometerme más, de ese terror irracional que me hacia creer que sí daba más de mí, tarde o temprano terminaría perdiendo el doble de lo que había dado. Siempre me había escudado bajo el pretexto de que la vida en común era el principio del fin de todo lo bueno de una relación. No había tenido valor para reconocer que no era más que una excusa para no mostrar que me moría de miedo al pensar que después me podía quedar solo, y que en el fondo, no podía soportar la idea de perder a nadie más que me importase de verdad».

Fragmento de La guarida de Sísifo. Memoria de un Ironman

Al qué dirán, qué pensarán, qué opinarán los demás. Es así. Nos aterroriza el veredicto de los ojos ajenos, alas de cera para nuestros sueños y anhelos. ¿Realmente importa tanto lo que puedan decir, pensar y opinar?

A morir, o a vivir, las dos caras de la misma moneda. Ese miedo cerval y profundo a dejar de ser para siempre, o simple y puro miedo de no haber sido nunca.

Miedo, miedo, miedo. ¿Lo veis?

Y quizás en el fondo todo se reduce a una sola cuestión: tenemos miedo al miedo. Porque…

Estamos muertos de miedo.

No puedo, no debo, no soy capaz, no es posible…

Si os fijáis, toda acción que precede al miedo siempre lleva consigo un gran y terrorífico NO. Y lo peor es que, por lo general, el resultado final suele ser que toda esa tanda de noes inútiles acaba llenando nuestras cabezas de un ruido insoportable que solo nos vuelve más vulnerables, o inútiles, hasta inhabilitarnos por completo y hundirnos en el más lamentable estado de inacción. Pues bien,

A la mierda el NO.

Porque, ¿qué pasaría si cada vez que nos morimos de miedo probásemos a cambiar el NO por un rotundo SÍ? ¿Y si solo es cuestión de voluntad, de creer que en realidad sí que es posible hacer aquello que a priori parece imposible?

Aunque, paremos un momento. Tengo una mala noticia: por desgracia, no existe la receta perfecta para combatir el miedo.

Pues qué mal, ¿no?

Pues no. Porque no me cabe la menor duda de que darle la espalda al miedo es hacerlo crecer. Y por eso, hazme caso: ten lo que hay que tener y enfréntate a tus miedos.

Enfrentarte a tus miedos es posible. La chica de la foto que está a punto de saltar al vacío, lo ha hecho.

Existen los miedos racionales, que de algún modo nos resultan útiles y nos ayudan a mantenernos a salvo, pero luego están esos otros miedos irracionales que nos paralizan, y que son los que debemos afrontar. Y sí, por descontado, requiere mucho valor enfrentarte a tus miedos. Pero es posible.

Pau y Alexandra, mis queridos protagonistas, lo hicieron. Los desafiaron y los vencieron. Si sientes curiosidad por saber cómo lo lograron, puedes hacerlo tocando AQUÍ y AQUÍ.

Es innegable: el miedo puede ser una sensación tan angustiosa como estresante, y la respuesta a este solo puede ser luchar o huir. En nuestra mano está. Así que, en serio: debes enfrentarte a tus miedos, porque es liberador.

Y ahora, cuéntame, ¿qué miedos tienes y cómo los enfrentas tú?

Créditos imágenes: Imagen 1 de Anemone123 en Pixabay, Imagen 2 de Gerd Altmann en Pixabay, Imagen 3 de Stefan Keller en Pixabay.

4 Comments

  1. Piluka
    5 junio, 2019

    Cuanta razón en tus palabras, vivimos rodeados de miedos. A mí me aterra la soledad, pero no la física sino estar rodeada de gente y sentirme sola. Miedo a la enfermedad de alguien de mi familia, si ha de venir me gustaría que fuera a mi. Esos son algunos de los miedos que tengo ahora a mis 37 años, con cierta experiencia en la vida. Pero es cierto que siempre he estado rodeada de ellos, cuando era más cría Temía hacer el ridículo y he dejado de hacer cosa y disfrutarla por ese temor, menos mal que los años me han hecho enfrentarme y a día de hoy es algo que me igual.
    También tengo mucho miedo al fracaso en cualquier campo y la culpa es porque nos hacen creer que el fracaso es malo y es todo lo contrario, el fracaso te sirve de aprendizaje y creo que es las lecciones en la vida que más aprendes. Así que como meta me voy a poner el eliminar ese miedo el de fracasar y digo como tu A LA MIERDA EL MIEDO.
    Felicidades por el post, me ha gustado mucho

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    1. Carmen
      5 junio, 2019

      Muy certeras tus palabras. Coincido contigo, en esta sociedad tan competitiva se nos educa desde pequeños a no tolerar el fracaso, cuando precisamente asumirlo como una posibilidad nos evitaría muchas frustraciones. Gracias por comentar. Saludos

      Responder
  2. Juelis
    5 junio, 2019

    Bufff, pues miedo tengo a casi todo, a que me digan que no, a que se rían de mí, a que mis opiniones sean tenidas por absurdas…a muchas cosas…pero con el paso del tiempo decidí que mi vida es mía y la vivo como me da la gana, que sí espero un no, un no tendré, pero que igual es que si lo espero es porque lo quiero, y la verdad que cada cual tiene su punto de vista y mi opinión por muy absurda que sea también vale, digan lo que digan los demás!!
    ¿Miedo? a las arañas…no las soporto, huyo como si no hubiera un mañana de ellas…un poco patético pero….
    Un saludo!

    Responder
    1. Carmen
      5 junio, 2019

      Muchas gracias por comentar. Haces bien, digan lo que digan… me parece una actitud muy conveniente. Respecto a los miedos, muchos de ellos son tan irracionales que no tienen explicación, pero, nada de patéticos, o en todo caso, diría que todos cargamos nuestra particular dosis de patetismo. Saludos!

      Responder

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