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El futuro que nos espera, o no (1)

Hoy te voy a contar cómo será el futuro que nos espera. ¿Cómo te quedas? Lo he visto claro, y me gustaría transmitírtelo para que sepas lo que nos depara el devenir de los tiempos, y que el futuro no te pille desprevenido.

Es un hecho: nosotros ya no somos los mismos. Lo queramos o no, la pandemia nos ha afectado. Es innegable que este virus ha tocado en el centro de la diana de muchas de nuestras convicciones… han ocurrido, y están ocurriendo, cosas que nunca pensábamos que sucederían y que afectarían tanto a nuestra cotidianeidad; pero además, el Covid-19 ha alterado todo lo que hasta ahora conformaba nuestro entorno, y en definitiva, nuestra existencia y modo de vida.

Esta grave situación plantea dos posibilidades: que a partir de ahora seamos mejores, o peores. A estas alturas creo que todos somos conscientes de que nos hallamos ante una gran crisis; pero algo de bueno hay en ello, puesto que las crisis suponen transformaciones e implican tanto oportunidades como la posibilidad de adquirir valiosos aprendizajes. Y es en este punto donde me surge la duda:

¿Seremos mejores en el futuro?

En mi caso, a mediados de marzo, cuando fuimos confinados, estaba convencida de que de todo esto saldríamos siendo mejores personas. Creía a pies juntillas que como sociedad y como individuos abrazaríamos la solidaridad, y que todos aprenderíamos a valorar de un modo más auténtico y generoso la vida en mayúsculas.

Pero después…

Cada día detecto actitudes absolutamente egoístas y despreciables, cerca o lejos; desde aquellos que con sus acciones solo buscan preservar su bienestar y el de su entorno más cercano, practicando un individualismo recalcitrante, hasta esos otros a los que nada importan las consecuencias que sus acciones negligentes pueden suponer sobre los demás.

Y lo peor es que esta pandemia nos ha colocado en un resbaladizo escenario en el pueden surgir, por parte de algunos individuos y poderes, más deseos de control y seguridad, lo que puede llevarnos peligrosamente a más desigualdad, clasismos, imposición de fronteras o abusos.

Por desgracia, ya lo estamos viendo.

Y por eso, no tengo claro que vayamos a ser mejores en el futuro. Y al hilo de este interrogante, confieso: No tengo capacidades paranormales ni dotes adivinatorias, en absoluto; en realidad he venido a contarte algunas cuestiones sobre mi última novela.

Verás, cuando escribí el borrador de Donde los ángeles lloran, el Coronavirus era desconocido, y nada sabíamos de lo que se nos venía encima, pero a veces, al hilo de lo que está sucediendo, encuentro que ese futuro que imaginé (y que tanto me disgusta) podría llegar a ser muy similar al futuro que nos espera, porque quizás no tenemos arreglo… aunque, en esto, desearía equivocarme de lleno.

Ya te lo he contado en otras ocasiones, Donde los ángeles lloran, que es mi última obra de ficción, es una novela negra, sí. Pero es una novela negra que se desarrolla en un futuro no demasiado lejano. Y si algo tengo claro es que en ella el escenario es muy importante, tanto como la resolución del crimen que planteo en esta novela.


¿Quieres conocer más sobre la ambientación en torno a Donde los angeles lloran? Pues sigue leyendo, porque voy a mostrarte citas de la novela donde podrás vislumbrar a qué clase de futuro me refiero.

Año 2055: el escenario en Donde los ángeles lloran

Novela ficción "Donde los ángeles lloran". Misterio y suspense

Al imaginar el futuro que deseaba plasmar en mi novela reflexioné sobre diversos fenómenos que ya están presentes hoy día, como los autoritarismos y los populismos, la precarización y la explotación, los fascismos o los abusos de poder… y quise ir más allá, planteando que ocurriría si estos fenómenos se exacerban en los próximos años.

Instauración de un nuevo orden: el Sistema

fascismo capitalismo

“Todo estaba bien atado. El Sistema había logrado sus objetivos, y la mayoría de la población civil, cargada de conformismo y una apatía exorbitante, acataba la autoridad sin la más mínima crítica al orden establecido. Pero todavía quedaban algunos movimientos subversivos fuera de control que planteaban un peligro que no podían menospreciar: la posibilidad de que todo pudiera cambiar.”

“Pronto se dio cuenta de que ese orden instaurado estaba abriendo camino a una sociedad enferma que se alimentaba de la fantasía del logro personal; una mera falacia, puesto que el único fin de los dogmas planteados por el Sistema era el de la destrucción de todos los lazos colectivos y del arraigo de compromiso ligado a los demás. Así, había florecido una nueva cultura hedonista cuyo único propósito era el de estimular el cumplimiento inmediato de los deseos individuales. Aquella era la sociedad del exceso, en todos los sentidos. Una sociedad cuyas notas características eran la frivolidad, el vacío existencial y el desencanto, la fugacidad de todo, la ansiedad permanente, y siempre, al final, un estado de perpetua insatisfacción; algo a lo que, por cierto, ni siquiera eran inmunes las clases más pudientes.”

“Para el Sistema, vetar el conocimiento era su estrategia fundamental para blindar los intereses de los poderosos, y por ello utilizaban la educación como una herramienta para imponer el pensamiento único; una sola forma de ver el mundo. El Sistema no admitía el pensamiento crítico.”

Crisis de las mil capas

Crisis

“Fue el colapso financiero internacional de 2042 el detonante de la situación. Aquello provocó la recesión más grande de la historia, haciendo palidecer la última gran crisis vivida allá por el año 2020 tras la pandemia de Coronavirus que asoló el mundo durante algo más de un año. Ocurrió lo mismo de otras veces, pero esta vez fue mucho peor. El castillo de naipes se derrumbó, una vez más, provocando la quiebra de continentes, países, empresas, y finalmente, millones de personas.

Todo lo arrasó sin compasión lo que algunos psicópatas de la economía, de forma grotesca, llamaron, “destrucción creativa”. Aunque en realidad poco o nada tuvo de todo esto, porque aquella crisis terminó devorando el corazón entero de un sistema acabado y, de paso, el de unos cuantos millones de almas. Fue como si una infinita lluvia radiactiva se hubiera apoderado del planeta entero para dejarlos a todos en los huesos. Casi nadie salió indemne.”

“Y lo que vino no fue bueno. Aquella fue la crisis de las mil capas: crisis económica, crisis financiera, crisis social, crisis política, crisis sanitaria, crisis de valores, crisis moral, crisis ética… Un nuevo orden llegó para quedarse, y la extrema derecha se impuso en todos los continentes como solución al crac de un sistema obsoleto, mediante la imposición de las más férreas políticas ultraliberales. Fue malo para la mayoría, pero al final serían las mujeres las que pagarían de un modo más contundente su resistencia al advenimiento de un proyecto postcapitalista que ya había iniciado su andadura en la década anterior. La fractura profunda y el imparable ascenso de los autoritarismos más rancios impactaron de lleno en la vida de las mujeres.”

Control sobre la población

Camaras y alambre

“La GUCO, o Guardianes de la Costumbre, era la policía del Sistema. En concreto, la GUCO era el cuerpo encargado de mantener el orden público y de proporcionar, en teoría, seguridad a los ciudadanos. La realidad era que sus siglas no representaban más que un triste eufemismo. Surgidos después del gran colapso, los miembros de esta nueva unidad habían asumido la tarea de investigar y combatir todas las tendencias y posiciones que el Sistema consideraba peligrosas o subversivas, lo que otorgó a estos Guardianes de la Costumbre carta blanca e impunidad para actuar, incluso sin rendir cuentas ante la justicia.

“La aplicación de programas de reconocimiento facial había provocado, desde su implantación tras la gran debacle, una honda controversia. Al principio desde el Sistema se quiso vender como una medida para asegurar la seguridad de todos; civiles o ciudadanos. En la práctica este control solo sirvió para que el Sistema obtuviese una gigantesca base de datos con los rostros de las personas a disposición de las grandes corporaciones, mafias y piratas informáticos facilitando que todos ellos mercadeasen, y se hicieran de oro, con sus datos. Aquello era perverso: desde el mismo momento en que una cámara registraba una cara, alguien tenía acceso a todos sus datos y lo que, en definitiva, constituía la vida entera de un individuo: ideología, preferencias políticas, antecedentes penales, enfermedades, hábitos de consumo, aficiones o su comida favorita…”

“A fin de cuentas, a los que habían tomado las riendas en todo el continente la jugada les había salido perfecta desde el día en que habían descubierto que, por un lado, las personas se protegían del miedo y la inseguridad acatando el Sistema; mientras a su vez, el Sistema promovía el miedo y la destrucción como arma para controlar a sus súbditos. Era el terror que se retroalimentaba como arma de poder.”

Programa de Suicidios Voluntarios

“La razón de la permisibilidad de este Programa surgió de la creación de una nueva necesidad en la población: la creencia de que es posible mantenerse siempre joven, basada en el deseo eterno de renacer y la posibilidad de vivir una vida intensa en todo momento. Nadie quiere envejecer. No es bonito; ni agradable, y es feo morirse viejo y arrugado, o carcomido por la enfermedad. Ha triunfado la fascinación por la eterna juventud, tanto es así, que muchos viven una existencia medicalizada por completo y destinada a la prevención.”

«Como en todo lo demás, desde hace años son solo los privilegiados de la Clase Alba los que lo tiene más fácil: para ellos existen desde hace tiempo tratamientos que frenan el envejecimiento; pero no para los civiles, que no podrían pagarlos ni en cien vidas. De este modo tan diabólico, la sociedad ha terminado acatando con extrema docilidad el Programa de Suicidios Voluntarios.

Procedimientos de Infertilidad Consentidos

“El Procedimiento de Infertilidad Consentido se había impuesto en 2044, como medida para controlar la tasa de natalidad y solución contra el desmedido crecimiento de la población mundial. Desde entonces, todas las mujeres civiles mayores de treinta años estaban obligadas a someterse a él; lo de «consentido» solo era otro más entre los eufemismos que tanto le gustaba manejar a los del Sistema.”

¿Te abruma el panorama?

Te doy un respiro; continuaré con un segundo post sobre el futuro que podríamos esperar según se refleja en Donde los ángeles lloran. Pero no te preocupes, porque no todo está perdido: como te he explicado al principio de este post, las crisis son oportunidades, y las revoluciones posibles.

Imagen de Portada Pete Linforth en Pixabay; Imagen 3 de OpenClipart-Vectors en Pixabay; Pixabay; Imagen 4 de Gerhard G. en Pixabay; Imagen de 5 MichaelGaida en Pixabay.

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